Explosiones en Ormuz a horas de las urnas: el ataque a Irán que Trump dijo que no haría
EE.UU. bombardeó una isla iraní con instalaciones militares subterráneas la víspera de las elecciones. Horas antes, Trump celebraba la caída del petróleo y hablaba de paz. Ahora, Irán exige siete condiciones, el crudo vuelve a subir y el mundo mira hacia el estrecho más peligroso del planeta.

El lunes por la tarde, Donald Trump parecía tranquilo.
En su red social, Truth Social, escribió que el petróleo estaba cayendo “como una piedra” porque la gente sentía que no habría guerra con Irán. Cuando los periodistas le preguntaron si atacaría a Irán después de las elecciones del martes, respondió con una sola palabra: “No”.
Cuatro horas después, la televisión estatal iraní informaba de cinco explosiones en la isla de Qeshm.
Washington lo confirmó esa misma noche. Un funcionario estadounidense, que habló con la agencia AP bajo condición de anonimato, explicó que se trató de ataques “defensivos”. Según su versión, el blanco fueron fuerzas iraníes que estaban disparando misiles tierra-aire contra activos de Estados Unidos.
La víspera de unas elecciones decisivas, y en plena negociación de paz, las bombas volvieron a caer sobre Irán.
Qué es Qeshm y por qué importa
Qeshm no es una isla cualquiera. Ubicada en el norte del estrecho de Ormuz, es una pieza militar estratégica para Irán: alberga una instalación subterránea de misiles y una base naval, según The Telegraph.
Desde ese punto, Irán puede vigilar, y amenazar, el paso de los barcos por el corredor marítimo más importante del mundo para el comercio de energía.
Por eso, para Washington, atacarla tiene un objetivo claro. Funcionarios estadounidenses dijeron a The Wall Street Journal que los ataques buscan quitarle a Irán la libertad de atacar barcos comerciales en Ormuz.
El mismo diario reveló un dato que pocos conocían: Estados Unidos lleva semanas realizando ataques limitados contra Irán, de forma deliberadamente discreta, para no dar la impresión de que prepara una escalada mayor.

Una guerra que empezó con la muerte de un ayatolá
Para entender lo que está en juego hay que volver al 28 de febrero de 2026. Ese día, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva contra Irán que incluyó un ataque en el que murió el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.
Su hijo, Mojtaba Jamenei, lo sucedió en el poder. Desde que asumió, no ha aparecido en público.
Irán respondió a la ofensiva cerrando en la práctica el estrecho de Ormuz. Antes de la guerra, por ese corredor pasaba cerca de una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. Hoy casi no circulan barcos. Del otro lado, miles de soldados estadounidenses mantienen un bloqueo naval frente a las costas iraníes para impedir que su petróleo llegue al mercado.
Han pasado más de ocho meses, y el conflicto se ha vuelto cada vez más impopular en Estados Unidos. Según encuestas recopiladas desde julio, el 58% de los estadounidenses se oponía a la guerra. En septiembre, solo el 26% aprobaba la forma en que Trump maneja el tema de Irán.

La carta secreta de Vance
Lo más desconcertante del ataque es que llegó cuando la paz parecía más cerca que nunca.
La semana pasada, el vicepresidente JD Vance envió una carta a Mohsen Rezaei, el jefe de seguridad de Irán. Según The Wall Street Journal, en ella planteaba un marco para negociar el fin de la guerra, y fue Trump quien le ordenó enviarla. El presidente, sin embargo, dio otra versión: dijo que la carta solo buscaba ayudar con el envío de suministros médicos a Irán.
En Teherán, la carta cayó bien. Rezaei aseguró en la televisión estatal que el tono de Washington había “cambiado por completo” y lo calificó como “una muy buena señal”.
Al mismo tiempo, mediadores de Catar sostuvieron dos rondas de conversaciones en Teherán. Sobre la mesa había una propuesta concreta: Irán dejaría de atacar barcos en Ormuz y, a cambio, Estados Unidos levantaría el bloqueo de sus puertos.
El lunes por la mañana, Vance dijo a los periodistas que él y el presidente se sentían “bastante bien” sobre la posibilidad de un acuerdo. El petróleo se desplomó más de un 7%.
Esa misma noche, Qeshm ardía.
“La pelota está en la cancha de Estados Unidos”
La respuesta de Irán no tardó en llegar, y el tono amable desapareció.
Horas después del ataque, Rezaei calificó como “no satisfactoria” la respuesta estadounidense a las demandas de Teherán. En X fue más directo: los estadounidenses deben cumplir de forma completa y explícita las siete condiciones de Irán, y solo entonces se reabrirá el estrecho de Ormuz.
Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y jefe de los negociadores iraníes, aseguró que su país ya había dado a Washington una respuesta “fuerte y racional”. Y añadió una frase que recorrió el mundo: “La pelota está en la cancha de Estados Unidos”.
Un alto funcionario iraní dijo a Reuters que ambos países siguen lejos de un acuerdo, y que Irán no aceptará lo que considera exigencias excesivas.
Las amenazas también subieron de tono. El sábado, el líder supremo Mojtaba Jamenei advirtió que cualquier nuevo ataque importante recibiría una respuesta “sin limitaciones geográficas”. Un alto funcionario de seguridad dijo a CNN que Irán podría atacar infraestructura más allá de las instalaciones petroleras. Funcionarios iraníes también han mencionado posibles represalias contra bases estadounidenses en Europa.

Trump: “No estamos en guerra”
Mientras tanto, Trump ha alternado entre amenazar con grandes ataques y defender un acuerdo.
“No estamos en guerra”, dijo recientemente. “Todos dicen: ‘¡están en guerra!’. ¿Cuándo fue la última vez que disparamos algo?”. Llegó a describir el conflicto como “una guerra muy suave”.
En la misma línea, aseguró que un ataque mayor podría ocurrir si Irán no acepta un acuerdo, pero que Teherán “quiere un acuerdo desesperadamente” y que hay “muy buenas probabilidades” de lograrlo.
Desde Israel llega la presión contraria. Según dos funcionarios regionales citados por AP, el primer ministro Benjamin Netanyahu está presionando a Trump para lanzar una nueva ola de ataques apenas terminen las elecciones.
Los aliados árabes de Washington temen lo peor. Advierten que nuevos bombardeos podrían desestabilizar toda la región y despertar a los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, que podrían intensificar sus ataques contra Arabia Saudita y los barcos del mar Rojo. Las milicias proiraníes de Irak también podrían entrar en el conflicto.
Catar, en cambio, sostiene que las dos partes siguen comprometidas con la mediación y revisan propuestas para acercar posiciones.
El golpe que llega a tu bolsillo
En los mercados, el ataque se sintió de inmediato.
El martes por la mañana, el Brent, el petróleo de referencia mundial, subió 1,36 dólares hasta los 106,13 dólares por barril. El crudo estadounidense WTI rondaba los 98 dólares. Antes de la caída del lunes, el Brent había alcanzado su precio más alto desde 2022, impulsado por el temor a nuevos ataques después de las elecciones.
Los analistas explican que el mercado sigue reaccionando a cada titular. Cada señal de paz hunde los precios; cada explosión los dispara. Por eso el crudo ha subido y bajado varias veces en solo 24 horas.
Y cuando el petróleo sube, la cadena ya es conocida: primero la gasolina, después el transporte y, al final, los alimentos. En Estados Unidos, la guerra con Irán es una de las principales causas del alza de la gasolina. En América Latina, los países que importan combustible también sienten el golpe.
Lo que se decide esta noche
Por eso el ataque pesa tanto en la jornada electoral. El precio de la gasolina está entre las mayores preocupaciones de los votantes, y Trump enfrenta presión para cerrar un conflicto que la mayoría de los estadounidenses rechaza.
Esta noche, cuando se cuenten los votos, no solo se sabrá quién controla el Congreso. También podría empezar a definirse el rumbo de la guerra: la mesa de negociación en Doha o una nueva ola de bombardeos.
En Teherán esperan una respuesta. En Washington, los resultados. Y en el estrecho de Ormuz, los barcos siguen detenidos.
